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Reactivar el fútbol también es ayudar a Colombia

Reactivar el fútbol también es ayudar a Colombia

Colombia atraviesa uno de esos momentos que dejan una profunda herida en el corazón. El terremoto ha cobrado vidas, ha destruido viviendas y ha dejado a muchas familias enfrentando el dolor de haberlo perdido prácticamente todo. Hay ciudades y municipios que hoy parecen estar en ruinas y miles de personas necesitan solidaridad, acompañamiento y ayuda.

En medio de esta tragedia surge una pregunta legítima: ¿es conveniente reactivar el fútbol profesional colombiano en momentos como este? Mi respuesta es sí, siempre que entendamos que volver a jugar no significa olvidarnos de quienes están sufriendo.

El fútbol colombiano es mucho más que los 90 minutos de un partido. Detrás de cada estadio hay cientos de familias que dependen de esta actividad: vendedores ambulantes, comerciantes de camisetas y alimentos, trabajadores de logística, personal de seguridad, transportadores, fotógrafos, periodistas, vendedores informales y muchas otras personas que encuentran en cada jornada futbolera una fuente de ingresos para llevar el sustento a sus hogares.

Por eso, reactivar el fútbol también puede convertirse en una forma de reactivar la economía de miles de colombianos que hoy necesitan volver a trabajar.

Pero hay algo todavía más importante: el fútbol también puede ser un vehículo para la solidaridad. En estos días hemos visto cómo clubes tradicionales del país han utilizado sus estadios y sus hinchadas para recoger ayudas destinadas a los damnificados. Independiente Santa Fe, Atlético Nacional, Once Caldas y Millonarios FC, entre otros, han demostrado que el fútbol también puede ponerse la camiseta de la solidaridad.

Y ahí está precisamente el camino.

No se trata de escoger entre fútbol o solidaridad. Se trata de entender que pueden caminar juntos.

Los estadios pueden convertirse nuevamente en puntos de encuentro, pero también en centros de recolección de alimentos, agua, elementos de primera necesidad y ayudas para las comunidades afectadas. Los clubes, jugadores, dirigentes e hinchadas pueden continuar enviando un mensaje poderoso: mientras la pelota vuelve a rodar, Colombia no olvida a quienes están sufriendo.

El fútbol tiene una capacidad enorme para unirnos. Ha logrado que personas de diferentes regiones, pensamientos y condiciones sociales se sienten juntas a celebrar un gol. Hoy esa misma pasión puede utilizarse para algo mucho más grande: ayudar a reconstruir un país golpeado por la tragedia.

Por supuesto, la reactivación debe hacerse con responsabilidad y teniendo en cuenta la situación de cada región. No podemos pretender que todo vuelva a la normalidad de un día para otro. Pero tampoco podemos permitir que la tragedia termine paralizando indefinidamente a quienes necesitan trabajar.

Que vuelva el fútbol, sí. Pero que vuelva con memoria, con solidaridad y con compromiso.

Que cada gol sea también un mensaje de esperanza. Que cada estadio sea un punto de encuentro para ayudar. Que cada camiseta represente la unión de un país que, aunque hoy llora a sus víctimas, también tiene la fuerza para levantarse.

Porque reactivar el fútbol no significa darle la espalda a la tragedia. Puede significar darle una oportunidad a miles de familias para volver a trabajar y, al mismo tiempo, convertir la pasión por el fútbol en una herramienta para ayudar a quienes más lo necesitan.

Hoy Colombia necesita goles, pero sobre todo necesita solidaridad. Y si el fútbol puede aportar ambas cosas, entonces que vuelva a rodar la pelota.

Por Colombia. Por los damnificados. Por quienes necesitan volver a trabajar. Y por la esperanza de reconstruir juntos.

Fernando Castaño Rojas

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