En esta oportunidad he querido en mi columna de opinión dejar una carta que va dirigida a mi hijo de 14 años y sé que muchos padres se sentirán identificados.
Hola hijo:
Quiero comenzar esta carta contándote algo que quizás muchas veces has escuchado, pero que hoy quiero que entiendas desde otra perspectiva.
Yo nací en una época muy diferente a la que tú estás viviendo. Una época en la que no existían los celulares como los conocemos hoy, donde la tecnología no estaba presente en cada momento de nuestras vidas y donde muchas veces, para encontrar una oportunidad, nos tocaba salir a buscarla, insistir y luchar por ella.
También tuve una adolescencia. Salía con mis amigos, quería divertirme, compartir, conocer y disfrutar de la vida. Pero eran otros tiempos, otras circunstancias y, sobre todo, otras responsabilidades. Hoy el mundo ha cambiado muchísimo y sé que no siempre puedo entender completamente cómo es tu día a día, lo que piensas, lo que sientes o las situaciones a las que te enfrentas.
Y quiero que sepas algo: aunque no entienda todo lo que vives, siempre voy a estar para ti.
Entiendo que quieres libertad. Entiendo que quieres salir, divertirte, compartir con tus amigos y vivir tus propias experiencias. Es completamente normal. Yo también fui joven y sé que llega un momento en el que uno quiere tomar sus propias decisiones y sentir que puede caminar por sí mismo.
Pero también quiero que entiendas que la libertad viene acompañada de responsabilidad.
Quizás algunas veces pienses que la vida es fácil, que las cosas simplemente suceden o que siempre habrá una oportunidad esperándote. Pero la realidad es que no siempre es así. La vida puede ser maravillosa, pero también puede ser difícil. Habrá momentos en los que tendrás que esforzarte más de lo que imaginabas, momentos en los que tendrás que levantarte después de equivocarte y decisiones en las que nadie podrá decidir por ti.
Por eso, si alguna vez me ves siendo estricto contigo, quiero que entiendas que no lo hago porque quiera quitarte tu libertad ni porque quiera impedirte disfrutar de tu juventud.
Lo hago porque veo en ti un potencial enorme.
Veo capacidades que quizás tú todavía no alcanzas a reconocer. Y como padre, quiero verte aprovecharlas. Quiero verte crecer, aprender, equivocarte, levantarte y, sobre todo, convertirte en el hombre que sueñas ser.
No quiero que seas perfecto. Quiero que seas responsable de tus decisiones. Quiero que aprendas a diferenciar lo que te hace bien de aquello que puede terminar perjudicándote. Quiero que tengas amigos, que disfrutes, que rías, que conozcas lugares, que vivas experiencias y que construyas tus propios recuerdos.
Pero también quiero que tengas sueños y que trabajes por ellos.
Porque algún día yo no voy a poder estar detrás de ti diciéndote qué hacer. Ese día tendrás que tomar tus propias decisiones y enfrentar las consecuencias de ellas. Y todo lo que hoy te digo, incluso aquello que a veces te molesta, nace del deseo de prepararte para ese momento.
Tal vez ahora no entiendas algunas de mis decisiones. Tal vez pienses que soy demasiado estricto o que no confío en ti. Pero quiero que sepas que muchas veces los límites que ponemos quienes somos padres no nacen de la desconfianza, sino del miedo de ver a nuestros hijos equivocarse en un mundo que no siempre perdona los errores.
Yo no quiero vivir tu vida por ti. Quiero enseñarte a vivirla.
Quiero que tengas libertad, pero que sepas utilizarla. Quiero que tengas amigos, pero que sepas elegirlos. Quiero que te diviertas, pero que nunca olvides tus responsabilidades. Quiero que persigas tus sueños, pero que entiendas que para alcanzarlos tendrás que trabajar por ellos.
Y sobre todo, quiero que nunca dudes de algo:
Pase lo que pase, siempre voy a estar para ti.
Cuando triunfes, estaré orgulloso de ti. Cuando te equivoques, estaré para ayudarte a levantarte. Cuando tengas miedo, intentaré darte fuerza. Y cuando sientas que no puedes más, quiero que recuerdes que tienes un padre que cree en ti incluso en aquellos momentos en los que tú mismo dejes de creer.
Quizás nuestras generaciones sean diferentes. Quizás nunca llegue a comprender completamente tu mundo y quizás tú tampoco comprendas del todo el mío. Pero hay algo que nunca cambia: el amor de un padre por su hijo.
Por eso, hijo, vive tu juventud, disfruta, ríe, sal con tus amigos y construye tus sueños. Solo te pido que mientras lo haces, recuerdes que cada decisión que tomes está construyendo al hombre que serás mañana.
Y si alguna vez sientes que soy demasiado estricto, recuerda que detrás de cada límite, de cada consejo y de cada preocupación hay una razón muy sencilla:
Quiero verte triunfar.
No quiero decidir tu futuro. Quiero ayudarte a construirlo.
Con todo mi amor,
Papá
















